El rol del abogado de propiedad industrial como “bisagra” del crecimiento internacional

En un mercado global donde los activos intangibles representan una porción creciente del valor empresarial, la propiedad intelectual no puede gestionarse de forma fragmentada. El abogado que centraliza la PI no es un costo adicional dentro del proceso de expansión, es el garante de que el crecimiento internacional se construya sobre una base jurídica sólida y coherente. En tiempos donde la competencia es global y la copia es instantánea, esa diferencia no es menor, es estructural

Publicado en El Mercurio Legal – 17 de febrero, 2025

Por Gustavo Guíñez

La expansión global de marcas, tecnologías y activos intangibles exige algo más que simple contacto con oficinas de corresponsales extranjeros, requiere liderazgo estratégico desde el país de origen.

Cuando una empresa chilena decide internacionalizar su marca, su invención u otros activos de Propiedad Intelectual (PI), no está simplemente ampliando su presencia comercial, está exponiendo su activo más valioso (su propiedad intelectual) a marcos jurídicos distintos, riesgos regulatorios diversos y culturas que operan bajo lógicas propias y particulares.

En ese escenario, el abogado de propiedad intelectual que centraliza la estrategia del cliente cumple un rol decisivo: es la bisagra entre el negocio y los estudios extranjeros; pero no como simple coordinador administrativo, sino como arquitecto de coherencia jurídica global, que busca mitigar riesgos y aterrizar las expectativas en cada lugar de interés del cliente.

Más que el mero envío de instrucciones y centralización de información

Bajo esa mirada, el abogado local se limita a contactar corresponsales, reenviar antecedentes y gestionar facturas.

Esa aproximación es insuficiente y, en muchos casos, riesgosa.

El estudio extranjero de corresponsales domina su legislación, pero no conoce la estrategia global del cliente ni su modelo de expansión ni sus planes de licenciamiento, franquicia o levantamiento de capital. Tampoco tiene visibilidad de cómo se están protegiendo otros activos en distintas jurisdicciones.

Alguien debe entender ese escenario y tratar de planificar la expansión. Ese alguien es el abogado que centraliza la PI.

Diseñar la estrategia antes que registrar

La internacionalización eficaz no parte de la tramitación, sino del diseño estratégico.

El abogado central debe definir: a) en qué jurisdicciones proteger y con qué oficinas de corresponsales que dominen el área técnica en cuestión; b) con qué alcance de clases o especificaciones; c) en qué momento del ciclo de expansión, considerando la existencia de plazos, y d) mediante qué herramientas multilaterales, como el Sistema de Madrid para marcas o el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) o Convenio de París, para patentes.

Registrar “en todos lados” rara vez es eficiente, además de costoso y estresante. Registrar donde estratégicamente corresponde, sí.

El nivel técnico que exige el rol

El abogado que asume esta función no puede limitarse al conocimiento doméstico, debe manejar: a) Derecho marcario y de patentes comparado, además de si el lugar de interés forma parte o no de tratados internacionales de PI; b) qué materias pueden incluirse en una solicitud de patente en ese país y cuáles no, aunque formen parte de la solicitud inicial, con el objeto de determinar si es necesario o no modificar la solicitud, para mitigar costos y tiempo por observaciones de las oficinas respectivas; c) estrategias de enforcement internacional; d) impacto de la PI en due diligence y valorización empresarial.

Sin esa base, no puede evaluar adecuadamente una office action en Europa, una oposición en Estados Unidos o una exigencia probatoria en Asia. Tampoco puede traducir al estudio extranjero lo que realmente importa desde la lógica del negocio.

Porque la función del abogado bisagra es, precisamente, traducir: del negocio al derecho, y del derecho comparado al interés estratégico del cliente.

Coherencia, control y reducción de riesgo

Cuando no existe centralización, aparecen problemas clásicos, como especificaciones inconsistentes entre países, redacciones o traducciones confusas o contradictorias, estrategias defensivas dispares, costos duplicados, pérdida de plazos relevantes, lo que erosiona el valor del activo.

En cambio, una dirección centralizada y especializada permite uniformidad en la construcción del portafolio, control de calidad sobre decisiones extranjeras, optimización presupuestaria, anticipación de conflictos, protección alineada al modelo de expansión.

La mayor parte de los problemas internacionales no surgen por ausencia de registros, sino por registros mal diseñados.

De intermediario a arquitecto de estrategia

Existe una diferencia sustancial entre coordinar y liderar. Coordinar es transmitir información; liderar es definir estrategia, evaluar riesgos, tomar decisiones y asumir la arquitectura jurídica del crecimiento.

En un mercado global donde los activos intangibles representan una porción creciente del valor empresarial, la propiedad intelectual no puede gestionarse de forma fragmentada.

El abogado que centraliza la PI no es un costo adicional dentro del proceso de expansión, es el garante de que el crecimiento internacional se construya sobre una base jurídica sólida y coherente.

En tiempos donde la competencia es global y la copia es instantánea, esa diferencia no es menor, es estructural.

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